De 2010 a 2021, los múltiplos promedio de apalancamiento en adquisiciones aumentaron de 5,2 veces el EBITDA a aproximadamente 6,8 veces en las operaciones de capital privado a nivel global. Esta concentración de deuda genera una sociedad en cartera que rinde bien cuando las condiciones son favorables y se vuelve progresivamente frágil a medida que los tipos de interés suben, el crédito se contrae y los márgenes operativos se comprimen. La respuesta disponible para una sociedad con elevado apalancamiento está estructuralmente limitada: reducir plantilla, comprimir gastos operativos y acelerar la salida antes de que la fragilidad se convierta en el titular. Estas decisiones destruyen el conocimiento organizativo, la cohesión de la plantilla y la calidad operativa que generan valor empresarial duradero. No son un juicio deficiente. Son la respuesta lógica a una arquitectura que no dispone de otras herramientas.
El mismo período documentado en nuestros materiales de investigación muestra que el 59 por ciento de las firmas de capital privado encuestadas reconocía la integración insuficiente de criterios ESG como un riesgo material de reputación o regulatorio, pero menos de la mitad disponía de un marco para medir el impacto a largo plazo. La brecha entre el reconocimiento y la arquitectura es el problema ESG en su forma más precisa. Reconocer un riesgo y construir una estructura que lo aborde son actividades distintas. The SAVI Capital Model es la estructura, no el reconocimiento.